lunes, 28 de noviembre de 2016

Fidel, Trump y el liderazgo político



El fallecimiento de Fidel Castro es un colofón dramático de uno de los rasgos más notables de la política mundial durante los últimos años: la escasez de líderes capaces de motivar y movilizar a millones de personas, extrayendo de ellas actitudes solidarias para lograr hazañas colectivas. Fue precisamente eso lo que logró Fidel con la campaña masiva que eliminó el analfabetismo en Cuba, con la fulminante victoria en Playa Girón y con la solitaria resistencia del proceso revolucionario cubano durante la década de los noventa del pasado siglo, cuando los socialismos oficiales del este europeo se desmoronaron, por solo mencionar tres ejemplos.
Se trata de una crisis de liderazgo de alcance mundial. En ese contexto, hasta fecha reciente, América Latina fue una región excepcionalmente privilegiada. Junto a la resistencia de Cuba, la sucesiva ascensión al gobierno de los movimientos políticos encabezados por Hugo Chávez, Luiz Inácio Lula da Silva, Néstor Kirchner, Tabaré Vázquez, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega permitió lograr innegables avances económicos, sociales y políticos en los países beneficiados por esta onda antineoliberal, alcanzando así la democracia y los derechos humanos niveles sin precedentes históricos en esta zona geográfica, que en estos momentos corren el riesgo de ser revertidos.
La falta de líderes políticos inspiradores es particularmente aguda en los Estados Unidos y Europa occidental. Dejando de lado cualquier preferencia política o ideológica, cabría preguntarse dónde están los Franklin D. Roosevelt, los Winston Churchill y los Charles de Gaulle contemporáneos que permitan apreciar la abismal diferencia existente entre los verdaderos estadistas y los meros administradores tecnócratas, fríos e insípidos, que proliferan lo largo y ancho del planeta.
El caso de los Estados Unidos merece una consideración especial. Tal vez Barack Obama sea el mejor presidente que el sistema político norteamericano es capaz de producir en la actualidad. Su decisión de cambiar la política hacia Cuba requirió de mucho coraje político y, posiblemente, representó el punto más alto de su presidencia. De manera general, sin embargo, su gestión gubernamental no satisfizo las enormes esperanzas de gran parte de los motivados votantes que lo condujeron a la presidencia. Como decía Fidel -según ha contado Cristina Fernández de Kirchner en un excelente artículo-, el gobierno de los Estados Unidos es un sistema, no un presidente.
Ahora, con Donald Trump, somos testigos estupefactos del ascenso a la presidencia de la principal potencia mundial de un personaje impresentable, cargado de todos los atributos que no debería tener ningún verdadero líder político. De hecho, tal parece la encarnación perfecta del antilíder.
Con la absoluta bajeza moral que lo caracteriza y de una manera despreciable, Trump ha arremetido contra la figura de Fidel en ocasión de su fallecimiento. La coincidencia temporal del deceso de Fidel con el proceso de asunción presidencial de Trump es como una jugarreta del destino indicativa de cuán bajo puede caer la calidad de los líderes políticos en tiempos de exaltación del materialismo consumista y la frivolidad.
Sin embargo, incluso en una coyuntura tan oscura, puede haber espacio para el optimismo. Es muy probable que, más temprano que tarde, si Trump intentara implementar en la práctica varias de sus promesas electorales, estará cavando su propia tumba política. Muy rápidamente constatará que las duras realidades de la conducción gubernamental serán impermeables a su temperamento de multimillonario caprichoso, y siempre llevará la pesada carga de ilegitimidad derivada del hecho de haber llegado a la presidencia sin el respaldo del voto popular. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que los Estados Unidos son una sociedad compleja, diversa y en evolución, con potencial para generar resistencias y contrapesos frente a fuerzas extremistas de manera relativamente rápida. La movilización de la derecha más cavernaria que ha hecho posible la victoria de Trump coexiste con un indudable ascenso de movimientos progresistas, sobre todo entre los jóvenes, que impulsaron de manera entusiasta la candidatura de Bernie Sanders, un veterano político autodefinido como socialista, y que no se sintieron representados con Hillary Clinton.
Así, terminada la temporada de retórica chocante y de fuegos artificiales, Donald Trump tendrá cuatro años para demostrar a qué vino. Mientras tanto, y por siempre, Fidel Castro será extrañado, incluso por sus más acérrimos enemigos, aunque no quieran confesarlo.

martes, 27 de septiembre de 2016

Reporte del Center for a New American Security (CNAS)



Continuando con los informes de las tanques pensantes norteamericanos destinados al próximo gobierno, hoy les presento el reciente reporte del Center for a New American Security (CNAS), con el autoexplicativo título The Next Generation of Sanctions: A Strategy of Coercive Economic Policy for the Next President  (La nueva generación de sanciones: Una estrategia de Política Económica Coercitiva para el nuevo Presidente, sería más o menos la traducción)

En él encontrarán un conjunto de recomendaciones para reforzar, actualizar, flexibilizar o desmontar, según el caso, los sofisticados e hipertrofiados regímenes sancionadores que los Estados Unidos han erigido obsesivamente contra sus enemigos de siempre, o casi siempre (Rusia, Irán, Cuba y Corea del Norte), a los que se agrega ahora el grupo terrorista Estado Islámico.

En el caso de Cuba, se recomienda la siguiente política:

CUBA

The next U.S. president should work with Congress to repeal the U.S. embargo and replace it with a targeted Cuban sanctions regime focused more narrowly on specific human rights abusers and destabilizers of political reforms within Cuba. This would allow a further normalization of U.S. relations with the island while still retaining some economic leverage to serve specific policy interests, such as settling U.S. claims and retaining some pressure to encourage reform in Cuba. The next administration should also intensify the Obama administration’s existing efforts to negotiate a settlement of U.S. claims with Cuba, given both the interests of the claimants and the need to settle claims as part of further economic normalization between the two countries. Given that Cubans may lack the financial resources for a full cash settlement of U.S. claims, and that a majority of the value of U.S. claims are held by U.S. corporations, not individuals, the next U.S. president should encourage the development of a settlement mechanism that includes potential business and development rights in Cuba as well as cash payments. This type of creative approach would maximize potential value to the U.S. claimants.

El CNAS se autodefine públicamente como una organización independiente y no partidista. Su jefe ejecutiva es Michèle Flournoy,  quien fue subsecretaria de Defensa durante el primer gobierno de Obama y es una de las figuras que más se ha mencionado como posible secretaria de Defensa en un eventual gobierno de Hillary Clinton. Los autores del trabajo son Peter Harrell (trabajó en la campaña de Obama de 2008 y posteriormente como asesor de Hillary Clinton en la Secretaría de Estado) y Elizabeth Rosenberg (ocupó un alto puesto como asesora en el Departamento del Tesoro durante el primer gobierno de Obama), así que lo de “independiente” y “no partidista” es algo difícil de creer.

El documento completo (23 páginas) puede ser descargado en esta dirección:  http://www.cnas.org/sites/default/files/publications-pdf/CNASReport-Sanctions-final.pdf

Reporte del Center for American Progress



En la cada vez más prolongada temporada electoral de los Estados Unidos, es frecuente que los “tanques pensantes” de ese país lancen sus reportes con diagnósticos y recomendaciones sobre la dirección estratégica que debería seguir la política exterior del próximo gobierno. Le tocó el turno ahora al Center for American Progress, vinculado al Partido demócrata. Su actual presidenta es Neera Tanden, quien ha trabajado como asesora de los Clinton y de Obama.

En este reporte es interesante el énfasis otorgado a los temas de la legitimidad de los gobiernos y la fragilidad de los Estados.

lunes, 13 de julio de 2015

Zibechi sobre la carencia de proyectos estratégicos en América Latina



Aquí pueden acceder a un impactante análisis de Raúl Zibechi, publicado en La Jornada, sobre la situación actual en América Latina en el contexto global, de lo mejor que he leído en los últimos tiempos.

Sus sombrías y objetivas evaluaciones deberían servir de acicate para una necesaria reflexión autocrítica dentro de las fuerzas emancipadoras del continente, a fin de pensar y actuar estratégicamente en un mundo que está cambiando de manera acelerada, tanto para bien como para mal. Como dijera Lula hace dos años, en un encuentro con intelectuales, políticos y dirigentes sociales en Buenos Aires, “sin pensamiento estratégico vamos a perder lo que construimos”.

Solo no comparto el sentido que me parece percibir en la penúltima oración del texto. Yo aprecio la cuestión positivamente. ¡Menos mal que hoy tenemos al Papa Francisco y no al alemán que enhorabuena le cedió el puesto!